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Educación especial… ¿Qué es ser especial?

Las Ilusiones

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Por Juan Ignacio Acosta

El pasado 9 de agosto fue el “Día de la educación especial”. Una fecha que invita a reflexionar sobre la aceptación de las personas a pesar de las diferencias y en la generación de oportunidades para todos.

Las efemérides son importantes porque marcan un hito, un momento, que será recordado. El hecho es lo que hace que algo desapercibido se haga visible: un punto en una línea simétrica que deja su huella.

La elección de esta fecha deriva de la conmemoración del día en el que se creó la Dirección de Educación Especial, que tuvo lugar el 9 de agosto de 1949. A partir del año 2006, con la ley 26.206 de Educación Nacional, se estableció que “la Educación Especial es la modalidad del Sistema Educativo destinada a asegurar el derecho a la educación de las personas con discapacidades, temporales o permanentes, en todos los niveles y modalidades del Sistema”.

¿Educación especial? ¿Especial de qué? ¿Por qué es especial? ¿Qué queremos decir con especial? 

La educación debiera ser considerada plural, diversa, heterogénea ¿cómo podemos pensar estos valores cuando hay una educación para un tipo de persona y otra educación para otra? ¿De qué manera podemos incluir si partimos de un primer punto que segrega en vez de pensarnos juntos? ¿Hay algo de especial en la condición de tener o no discapacidad? ¿La conmemoración de este día no es fijar zonas peyorativas de manera soslayada?

Sin lugar a dudas, sostener a las personas con discapacidad como objetos de asistencialismo (vinculado a la pobreza y a la indigencia), o como sujetos divinos, ángeles, “seres de luz” y no como sujetos de derechos, es una medida contraria a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en 2014 adquirió jerarquía constitucional bajo la Ley 27.044. Según el preámbulo de esta norma, “la discapacidad es un concepto que evoluciona y resulta de la interacción entre la persona con alguna limitación funcional y las barreras del entorno”. 

Es por este motivo que pensar un día de “la educación especial” resulta paradójico. Hoy, en el siglo XXI, se debe pregonar por la evolución de estos conceptos y nombrar este fecha en particular como el “Día de la educación en discapacidad” o en el “Día de la educación universal”, que sería el resultado de una nueva reflexión, de la transformación del pensamiento sobre las personas con discapacidad. De verles como seres humanos activos y partícipes, en todo el sentido de la palabra, de la sociedad al igual que todas las personas sin limitaciones, potenciando y aceptando lo distinto. 

Una idea que se adapta completamente a un nuevo formato para entender la educación. Al igual que en el diseño universal, la idea sería entonces minimizar los riesgos y las consecuencias adversas, adelantarse y tolerar acciones inconscientes, ser plenamente tolerantes y tolerables.  Hacia este camino debe ir una verdadera educación inclusiva y en todo caso ella debe estar habitada de todo “lo especial” que contemple a todos, traspasando la barrera de la diversidad para verla como una virtud.

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