Hoy les acercamos una nueva historia a través del testimonio de Karina, mamá de Vicky Fernández, artista de CABA, más conocida en Las Ilusiones como Vicky Pepa (por su personaje tan recordado en “Las de Barranco”). Un testimonio muy genuino que no habla solamente de la independencia de Vicky; habla de la transformación de una mamá mientras aprende a acompañar la autonomía de su hija.
¿Cómo comenzó el camino de Vicky hacia la vida independiente?
Fue un largo proceso que tuvo distintos momentos que, para los padres, son un poco abismales. Por ejemplo, cuando tomamos esa decisión de que finalmente tome el subte sola, que camine sus cuadras a la escuel. Creo que la primera independencia que logró Vicky fue la de la circulación en la ciudad y esa fue muy importante porque ella ahí se empoderó mucho; cuando ella se dio cuenta que se orientaba, que podía llegar sola. Primero había que hacer con ella el viaje, explicárselo y, muy rápidamente, lo aprendía y lo hacía. Después, como a ella le gusta callejear, empezó a entender también el Google Maps, las instrucciones del subte, su gran aliado. Cuando comenzó a ir al Lasalle la idea era que pudiera ir y venir caminando. Tenía 13 años, primero la acompañé y después la iba siguiendo desde la vereda de enfrente (sin que ella se diera cuenta); Vicky es corta de vista y tiene una una disminución en la audición, entonces, me daba mucho miedo el cruzar la calle, pero como es respetuosa, siempre se maneja con los semáforos y así siguió y siguió…Ahora va a ver a sus amigas en Olivos, ha ido a trabajar a Boulogne, se baja de tren y toma colectivo en provincia. Bueno, hace todas esas cosas, siempre en contacto conmigo. Siempre uno se muere de miedo pero yo estoy muy orgullosa de todo lo que ha logrado Vicky.
Si mirás el recorrido completo, ¿cuáles fueron los pequeños y grandes logros que más te emocionaron?
Pienso cuando Vicky caminó por primera vez. Me acuerdo que su estimuladora temprana me decía ‘ella va a tardar más en caminar pero cuando camine va a caminar toda ella no solamente sus piernas’; y eso nos ayudó a esperarla. Cuando dio esos pasos, fueron pasos tan decididos, me acuerdo perfectamente y ese fue, para mí, uno de los enormes logros. Después ver que sus horas y horas de dibujo, totalmente autogestivas, terminaron en una muestra que le propusoeron hacer a ella, ver que mi hija estaba haciendo una muestra individual, en un espacio de arte de verdad fue otra de las enormes cosas. Verla en las obras de danza, verla moverse, haber ganado esa soltura que no tenía, que haya logrado relajarse, son cosas muy hermosas.
¿Cómo fue tu acompañamiento durante ese proceso? ¿Qué cosas fueron cambiando también para vos?
El acompañamiento fue permanente con una enorme ayuda de mi mamá. Fue muy placentero, aunque también hubo que acompañarla en procesos de internación y de recuperación. El acompañamiento es todo acá pero hay que poder administrar las distancias, en qué momento estar más cerca, en qué momento no; no tenés una guía, a veces estás con mucha duda y con mucha angustia, ‘¿la estoy dejando demasiado sola o la estoy protegiendo demasiado?’. Bueno, esa pregunta todo el tiempo a mí me acompaña. Pero bueno, algunas cosas se habrán hecho bien porque Vicky, realmente, ha logrado una vida muy propia en general y para sus relaciones afectivas, para su modo de resolver. Es mi única hija, así que fue también ir creciendo con ella y saber que hay momentos donde es una niña de 8 años y otros donde es más grande y más sabia que yo y, hay momentos, donde tiene sus 30 (que es su edad). Cuanto más independencia ella tenía, más independencia tenía yo, esto es una relación muy clara en ese aspecto. Yo me voy a veces sola a la costa, porque voy a trabajar o hacer cosas, y sé que ella se queda acá y se baña, cumple sus horarios y no necesita mi supervisión permanentemente. Así que uno va fluctuando todo el tiempo y adaptándose a esas preguntas que a veces son muy inocentes y a veces muy complejas de contestar, como por ejemplo, ‘¿porque soy una persona con discapacidad?’.
¿Qué rol tuvieron los profesionales en ese camino?
Las instituciones tienen todo que ver en esto porque ayudan, acompañan, nos ubican. Hemos recibido mucha ayuda de los terapeutas de las distintas instituciones por donde Vicky pasó, haciendo algún seminario o algún curso o formación laboral. Lo mismo ahora en el centro de día (que adora), las escuelas (que fueron muy importantes), los talleres de desarrollo artístico (por supuesto, Las Ilusiones), tuvieron un rol muy clave.
¿Qué miedos o incertidumbres aparecieron al principio? ¿Cómo los fueron superando?
Los miedos del principio fueron enormes porque Vicky había nacido, realmente, muy mal de salud; malformaciones complejisimas que no eran un síndrome, pero eran una cantidad de cosas. Y lo del corazón era lo más complejo, entonces, desde bebé estuvo en una terapia intensiva (desde que nació hasta el mes y piquito de vida). Era terror por su vida (todos los demás miedos fueron una pavada); pero ese es un miedo que a mí me sigue siempre adentro, y tiene ya 30 años.
Hoy, ¿cuáles son los próximos desafíos que imaginás para ella?
Creo que hay dos desafíos, uno que tenga un trabajo con un formato más de “trabajo”. A ella le gusta mucho el trabajo que tiene en Las Ilusiones; le encanta tener su trabajo y que le depositen su platita; creo que hace a la dignidad de las personas. También ilustró un libro con recompensa económica; también vende sus cositas. Pero a veces son cosas algo aisladas, por lo que, de alguna manera, sería lindo poder cumplir con el sueño de trabajar en un lugar donde ella se sienta parte. Otro desafío sería lograr tener una relación de pareja, algo que a ella la ponga contenta, en una situación de paridad. Y agrego un tercero: la posibilidad de vivir sola. Que yo creo que lo va a lograr eso.



Gracias Kari por abrirnos el corazón y compartir tus reflexiones, miedos y deseos.

Esta hermosa reflexión de la mamá, en muchas cosas nos sentimos reflejados como padres. Felicitaciones por los logros de Vicky!!!!