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Historias de vida independiente

Hoy compartimos una nueva historia de vida independiente. Gero se sumó este año a participar de distintos espacios de TAO y su mamá, Gabriela, nos cuenta cómo fue su camino de crecimiento, los desafíos que fueron apareciendo y todo lo que aprendieron juntos como familia.

“Luego de procesar la noticia de la llegada de Gero, hicimos todo lo posible para que llevara una vida independiente”, cuenta su mamá. Desde muy chiquito, buscaron que pudiera compartir experiencias y desenvolverse en distintos espacios. “Siempre fue con nosotros a todos lados: a los seis meses tuvo su primer cumpleaños de 15, iba al supermercado con nosotros; yo lo llevaba a todos lados en el paragüitas”.

Uno de sus primeros grandes pasos fue comenzar la guardería, a los seis meses, donde pasaba toda la mañana mientras Gaby trabajaba. Allí estaba con su estimuladora temprana, compartía con otras personas y aprendía a comer solo. Después llegó la salita de cinco, en una escuela pública, donde también almorzaba solo.

En esa etapa, Gero también fue construyendo sus vínculos. “Era un líder”, recuerda su mamá. En una escuela de apenas diez alumnos, se ganó a todos, desde sus compañeros hasta los chicos más grandes. Le festejaban los cumpleaños, lo invitaban a los de los demás y, de a poco, fue sumando experiencias: también pasó por la colonia y comenzó a practicar taekwondo.

Cada una de esas oportunidades fue parte de un camino que, desde el principio, tuvo un objetivo claro: que Gero pudiera desarrollar sus propias herramientas y ganar autonomía.

Nuevos desafíos para toda la familia

“Uno como papá siempre tiene miedo, pero hay que tratar de vencerlos”, dice su mamá. Y este año llegó uno de los desafíos más importantes.

Después de muchas conversaciones y decisiones junto con su esposo, y siempre consultándole a Gero, comenzaron a buscar un espacio donde pudiera aprender un oficio. “Nosotros no queríamos que fuera a un taller protegido ni a un centro de día”.

Así encontraron el CET de San Martín, una escuela de formación de oficios donde Gero está aprendiendo carpintería. Y ya tiene varios trabajos para mostrar: hizo una silla, una mesita de luz y ahora está construyendo su propia mesa. “Va súper bien”, cuenta orgullosa Gaby.

A este nuevo aprendizaje se suman otros desafíos cotidianos. Este año, con Laura, su acompañante, Gero empezó a viajar en colectivo para ir a sus terapias y a Casa TAO, en Villa Urquiza. También está aprendiendo a manejar dinero.

Todo forma parte de un proyecto más grande: que pueda vivir solo.

“Es algo a lo que nos lanzamos con mi esposo”, cuenta su mamá. Y no se trata solamente de imaginar cómo será esa vida, sino de empezar a prepararla. Candela, la hermana de Gero, se fue a vivir sola hace más de un año y, a partir de ese cambio, la familia comenzó a pensar cómo adaptar la casa para que él también tenga su propio espacio. Están refaccionando la planta alta para convertirla en un departamento, con dos habitaciones, un baño, un vestidor, un living y una cocina. También tendrá una entrada independiente. Gero vivirá arriba y sus papás, abajo.

“Antes colaboraba con algunas tareas, hoy está más predispuesto a participar. “Lava las cosas del desayuno, junta los platos de la noche anterior, se cambia la sábana”. Son pequeños grandes pasos que forman parte de un aprendizaje mucho más amplio: prepararse para desenvolverse cada vez con mayor independencia.

Aprender a acompañar de otra manera

En este camino, la familia también fue aprendiendo. Porque, como cuenta su mamá, no alcanza solamente con que ellos estén preparados para dar el paso: también hay que animarse a dejar espacio para que Gero haga las cosas por sí mismo.

Y en ese proceso, el acompañamiento de los profesionales fue y sigue siendo fundamental. Su psicólogo, el grupo de psicopedagogía, Laura y los espacios de TAO, forman parte de este recorrido. También hay un agradecimiento especial para su estimuladora temprana: “Ella le enseñó a jugar y ese hecho de jugar le permitió desarrollar un montón de cosas”.

Cuando piensa en lo que les diría a otras familias que están empezando este camino, su respuesta vuelve a esa idea de darles oportunidades, incluso cuando aparecen los miedos.

“Lo primero es tener la decisión de que ellos sean libres e independientes y después ver hasta dónde se puede llegar, pero siempre abrirles el espacio. Es difícil, es doloroso, solemos verlos como niños, pero realmente uno tiene que hacer ese camino y, si necesita, buscar ayuda”.

Y agrega algo que aprendió en la práctica, en las situaciones de todos los días: “Si se quiere bañar, que se bañe; si moja el baño, que lo seque. Es todo así, hay que volver a enseñar las veces que sea necesario”.

Entre los logros que permiten dimensionar el recorrido, hace un tiempo, Gero se fue de viaje por primera vez, durante varios días, y preparó su propia valija. “Fue hermoso, me encantó que se fuera tantos días solo”.

Porque la independencia se construye de a poco. Con oportunidades, con acompañamiento y con la confianza necesaria para animarse a dar el siguiente paso. Y también, como dice su mamá, aprendiendo a correrse un poquito para que ellos puedan encontrar su propio camino.

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